El Ocio y los placeres sencillos

Parece claro que el trabajo no puede seguir siendo la principal (o casi única) actividad capaz de otorgar sentido a la vida humana. Deben recuperarse valores como el conocimiento desinteresado y de la contemplación, el valor de la relación cordial y no competitiva, el valor del goce estético.

Este es un fragmento del libro «La Pedagogía del Ocio» de Josep Puig y me viene de perillas para introducir porque no podría coincidir más.

Veamos. La tercera acepción de «ocio» dice: Diversión u ocupación reposada, especialmente en obras de ingenio, porque estas se toman regularmente por descanso de otras tareas.

La ocupación reposada ❤️ suena lindo. En lo personal, no creo que tenga que ver necesariamente con el ingenio, sino más bien con el gozo particular que te otorgue cualquier cosa por la que no te pagan y que te relaja, básicamente. Por ejemplo, yo amo tallar timbres de goma, releer un libro en particular de mi biblioteca, salir a trotar, hacer un quequito en una tarde de lluvia con mis amores Su & Elo, beber una copa mirando un partido, coleccionar stickers de whatsapp, etc. De solo enumerar ya me siento genial ¿Tú tienes claridad respecto a eso que te hace bien y a lo que puedes recurrir cuando lo necesitas? Lo recomiendo absolutamente. Si quieres usar alcohol, igual es opción.

Ocupar el tiempo libre a nuestro favor es un arte. No todo puede ser trabajo. No todo debe ser trabajo. He observado que la mayoría no sabemos usar bien ese espacio vacío en la agenda. O como que planeamos hacer mucho y al final no hacemos ná.

Esta idea da vueltas en mi cabeza. La gente que admiro parece dominar bien el sutil arte del ocio. Parecen usarlo a su favor para crecer en sus disciplinas, en su intelecto y en la vida en general. Como que hasta para mirar el techo son elegantes, lo hacen con gracia. Una de las varas con la que mido la inteligencia de alguien en con el uso que otorga a su tiempo libre. La manera de consumir placeres cotidianos es como un don.

Soy enemigo de la maratón de series sin parar, como si se devorara una Big Mac tras otra. Prefiero las cosas más pausadas ¿Me llegó el viejazo? Igual sí. La cosa es que prefiero esperar y reflexionar antes de lanzarme con alguna película o con un libro. En el pasado, solía seleccionar muy bien las exposiciones a las que asistía y rara vez iba al cine, por lo mismo. Ocio selectivo, podríamos llamarlo.

A mis actividades de ocio yo las cuido. Las trato con cariño. Les he llamado «placeres sencillos» y procuro que aparezcan seguido. Me estoy mimando cada día más y déjenme así, que estoy re piola.

¿Notaste cómo te llevé del ocio al amor?

Besitos.

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